Perseguir la luz – Julia Carrillo 

 

LUZ. Evoca la fuerza creadora, la energía cósmica y la irradiación solar. Se ha identificado simbólicamente con el espíritu, siendo, en este sentido, una manifestación metafórica de la intelectualidad y la sabiduría.

Diccionario de símbolos y mitos [1]

 

Visitar el estudio de Julia Carrillo es entrar a un campo de juego y experimentación que se manifiesta como un recordatorio para la curiosidad y los cuestionamientos sobre nuestra cotidianeidad. Lo aparentemente simple se intuye complejo y lo complejo se experimenta como vivencia sorpresiva, familiar, a la vez que extraña. Entre los “habitantes” de este espacio donde vive y trabaja la artista cuando está en la Ciudad de México, coinciden: sorpresas lumínicas que aparecen en las paredes para luego desaparecer, como fantasmas; unos “bichos” compuestos por ligeros tubos de metal que cuelgan desguanzados y en otro momento son esculturas colgantes que tampoco lo son del todo; artefactos de distintos tipos que acompañan libros, pinturas, plantas; huellas fotográficas de olas de agua y burbujas de jabón... También comparten lugar de ser unos volúmenes de acrílico transparente a escala manejable por nuestras manos que, desde ya, juegan a guiñarnos con sus brillos desde sus estantes conforme caminamos. En el entorno habitual de Julia, nada es solo lo que parece. Desde ya, también, comprendo que en este lugar –y en general en los que ella habita– todo depende del cristal con que se mire, pero con igual o mayor importancia: desde dónde y por cuánto tiempo se le mire. Tiempo, espacio y perspectiva danzan en coreografía desde su estar estático aún antes de ser activados por los experimentos de su ocupante. Un laboratorio-observatorio para ser recorrido y usado sin prisas.

 

La observación con todo el cuerpo se hace palpable al ingresar al tablero-cancha de nuestra anfitriona. No hablo solo del trabajo de una observadora analítica de aquello que la rodea, sino que con su labor Julia crea dispositivos reales que nos acercan a lo fantástico. La fantasía como entorno real, comprobable. Magia, dirían algunos. No es magia: es matemáticas y su traducción en arte. Un recordatorio generoso de que hay belleza en la ciencia, y de que el arte puede ser un vehículo para hacerla visible. Más que para todo público, es para todo curioso. Y esa curiosidad a la que invitan las piezas a las que alude este texto, es de quien se deja seducir por sus “apariciones” sin necesidad estricta de especialidad o conocimiento previo. Los planos, reflejos y descubrimientos que nos propone su obra comunican pensamientos filosóficos; fenómenos matemáticos y físicos complejos presentes en la naturaleza, toman formas aprehensibles. Éstas, con los procesos inmersivos que nos dispone la artista, están ahí para asumir vidas momentáneas según los miremos y ocupemos[2].

 

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“Un laboratorio de verdad”, pensé, mientras entraba de nuevo en un cuarto oscuro. Además de representarme lugares felices, los cuartos oscuros me han parecido siempre como ese sitio en el que “lo serio” y “lo divertido” pueden encontrarse. Se necesita cierto rigor y conocimiento, pero también se requiere imaginación y disfrute para lograr generar lo intuido, por más planeado que se tenga el desenlace. Hay reglas a seguir y cálculos involucrados en el hacer, pero conviven con el azar y la sorpresa, con el juego. Lo lúdico como elemento y factor de las manifestaciones artísticas ha tenido momentos diversos en la Historia del Arte. En la modernidad, durante las vanguardias artísticas del S.XX, fue incluido en concepto y práctica como estrategia, por ejemplo, para las dinámicas de creación de los dadaístas quienes buscaban guardar distancia críticamente con las instituciones que dictaban qué sí y qué no, era arte.[3] Hoy en día la condición lúdica y educativa de las obras de arte, es revalorada desde la academia y la institución, tras años de profesionalización práctica e interés de algunos gestores en “lo educativo” en tanto elemento tan importante como “lo curatorial” en los museos e instituciones de exposición de arte contemporáneo. Sin embargo, más allá del campo de experimentación y juego que nos propone la artista, existe una condición de interdisciplina en sus proyectos que fue visiblemente buscada y discutida a en la primera década del S.XXI.

 

La idea de laboratorio, de distintos saberes y haceres en contubernio creativo para encontrar soluciones –a veces, y maneras para comunicar, compartir y ejercer cierta sabiduría –en los casos más exitosos, la fui a re-encontrar en una visita de estudio, en 2022.[4] No es que la colaboración entre ciencia y arte sea algo novedoso o inexistente hasta hoy, ni que los cuartos oscuros y los laboratorios científicos y no-científicos hubiesen desparecido, o que apenas ahora se haya inventado la multidisciplina. Para mí, la frescura está en encontrar ese incentivo en el quehacer laboral de Julia desde un lugar en el que no existe frontera alguna entre disciplinas, pero sobretodo, desde el que la colaboración con otros participantes no es casual, ni necesaria –ni deliberada en el espíritu contemporáneo de “colectividad” en el arte, sino intrínseca a su necesidad de traducirnos lo que mira, sabe y le emociona. Como en un gozo pertinente que no deja de ser riguroso.

 

Julia Carrillo es artista y matemática. Matemática por licenciatura y artista por maestría y práctica profesional. De padre y madre académicos, su interés en la pintura y la fotografía se manifestó desde niña en clases de pintura y, de adolescente, de la mano de una cámara fotográfica. Es el entendimiento de ciertos procesos y hechos presentes en la naturaleza lo que guía su hacer desde la práctica artística: “Para mí, el arte y la ciencia son una unidad sin frontera determinada. Un espacio donde me siento cómoda para conocer diferentes partes de un mismo fenómeno”[5].

 

Sus piezas y soluciones estéticas son informadas no solo por las matemáticas y el pensamiento científico. Entre los artistas que ha estudiado con admiración, se encuentran, por ejemplo, la escultora venezolana Gego (Gertrud Goldschmidt 1912-1994), el artistas californiano norteamericano James Turrell (nacido en 1943), el fotógrafo y artista visual norteamericano Man Ray (1890-1976) y el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986). Cada uno de ellos le ha develado con sus obras modos de ver y entender el mundo, sorprendentes y rigurosos. La observación, la experimentación y el entendimiento de ciertos eventos existentes en nuestra cotidianidad real-posible, están presentes en los trabajos de estos artistas. Puntos de vista que encuentran ciertos ecos en sus propuestas artísticas cuando uno se inmiscuye más al traspasar la puerta perceptiva por la que nos invita a entrar.

 

Con el paso de los años, Julia ha ido sofisticando su lenguaje y la manera en que puede generar experiencias espacio-temporales jugando con la luz, a la vez que ha ido incorporando colaboradores y co-jugadores a su quehacer de manera orgánica. A partir de muchos cruces y transmisiones (arte/ciencia, pensamiento/materialización, azar/reglas, hecho/sorpresa, observación/interacción), quien se acerca a su trabajo intuye nuevas percepciones posibles entre luces, sombras, reflejos. A través de sus fotografías, dispositivos ópticos, instalaciones inmersivas y pinturas, la artista nos invita a participar en la vivencia de transferencias entre razonamiento y sentimiento. El dominio de conocimientos técnicos a la vez que teóricos, dan lugar a una traducción en la que el juego es un experimento que requiere disciplina, atención, pero no seriedad ni falta de azar.

 

Breve guía propuesta para habitar una exposición de Julia Carrillo

 

El cuarto oscuro / Palimpsestos – rayogramas y plata sobre gelatina

Una de las maneras de hacer visibles sus conocimientos científicos a través de procesos y desenlaces artísticos, es a través de métodos fotográficos. El laboratorio para ello, es el cuarto oscuro: los procesos de impresión y de revelado, los materiales, las herramientas a operar en “el tablero”. Y el juego. Para ello se vale de varios objetos y de la luz que emana de la ampliadora, así como de papel fotográfico. Los objetos son figuras geométricas de acrílico transparente, las cuales coloca debajo del baño momentáneo de luz que se refracta al tocarlos y deja su huella-dibujo en el plano debajo de ellos. Inspirados por la geometría y los fotogramas de Man Ray, los Palimpsestos y rayogramas sobre gelatina que aquí se describen, materializan un instante en el movimiento de la luz y las dinámicas de la energía en general que ha estudiado y disfruta perseguir la artista.[6] Leyes científicas quedan representadas a través de la experimentación artística. Una radiografía. El dibujo de un rayo de luz impreso en una superficie fotosensible. Un gesto planeado con conocimiento de reglas, causa-efecto. Propuesta-ensayo-aparición-repetición-resultado… lo cual no está exento de azar. No deja de ser experimental y estar en busca de aquello que nos maravilla en la naturaleza –solo que al interior de una “cancha” en la que el pensamiento artístico la lleva a vincular procesos de investigación científica con fenómenos sensoriales-perceptivos.

 

Los artefactos / Dispositivos ópticos (colgantes)

Como parte de sus intereses, Julia ha estudiado instrumentos astronómicos de la Antigüedad para entender su cómo funcionan: cómo se comporta la luz, de qué manera viaja.[7] La comprensión de los fenómenos lumínicos en complicidad con el análisis de diversas condiciones de percepción espacial, le permite llevar a cabo proyectos de instalación interactiva, invitando al visitante curioso a sorprenderse mientras descubre algo que se aparece de manera íntima, incluso en convivencia con otro espectador. Ese punto en el espacio (2021) y Kuiper (2015) son piezas que, si bien funcionan como escultura, son también los artefactos que ella ha diseñado para que experimentemos “apariciones”, según la cercanía y el punto de vista desde donde miremos. Quien ha leído El Aleph, de Jorge Luis Borges, podrá intuir un homenaje a ese sitio en el espacio que lo contiene todo: el conocimiento ilimitado pero acotado a la vez. La participación de quien observa, es importante en estas especies de caleidoscopios gigantes. No solo para “activar” la pieza, sino incluso para terminar sus diversas materializaciones. La percepción es parte fundamental de los descubrimientos que se busca generar, aquello que la mirada atenta conoce y nos comparte en espacios determinados. Sus obras tienen límites físicos que se trascienden a sí mismos para invitarnos a ver fuera de ellos, también. Simular lo infinito nos permite sentirlo, experimentarlo, saber qué es. 

 

El contacto y la interacción con la obra presentada en la exposición que da pie a este catálogo, también nos recuerdan que la ilusión es parte de la realidad. Como cuando al recorrer con la mirada y el cuerpo el espacio ­–llámese este, estudio de artista o espacio de exhibición– atestiguamos la aparición de un fantasma de colores. Un arcoíris, o más de uno, se posan sobre pisos, paredes y techos según opere la fuente lumínica (en intensidad, movimiento, duración). Si buscamos el origen, encontramos de nuevo un cuerpo geométrico piramidal de acrílico transparente, solo que en esta ocasión pende desde algún sitio en lo alto, intersectando aquello luminoso que le otorga vida. El trayecto de la luz es materializado como parte del lugar con Luz instante (2021) –un fantasma feliz que dibuja el tiempo mientras hace evidente con su presencia el espacio en el que nos encontramos situados. La fuente-razón de existir está ahí, solo hay que querer verla. O no. Y solo dejarse acompañar por un fenómeno natural representado en un espacio interior, manipulado para nuestro disfrute.

 

El juego / Instalación-inmersión

Hay ciertos momentos clave al observar y vivir una pieza de Julia: el encuentro-atracción, la sorpresa y la nueva sorpresa de “entender el truco” que se nos devela. Tiempos lumínicos (2021) nos regala la ilusión de tocar el agua sin mojarnos. Esta proyección-instalación, nos recuerda la importancia del sonido tanto en la percepción de la naturaleza como en el trabajo de la artista: Una gota suena. Puede oírse. Entramos al espacio, nos paramos en un charco perfectamente contenido en su circunferencia. Volteamos para buscar la proveniencia de la gota: ahí está, es real, pero se queda suspendida, cambiando de forma, sobre el vidrio arriba de nosotros mientras provoca olas y burbujas irrepetibles. Pero los visitantes lo vivimos abajo. El charco existe, estamos parados sobre su proyección. La instalación, entonces, se activa con nuestra inmersión. El artificio que emula lo natural conocido no se esconde, y los co-jugadores, aun al tanto de éste, son bienvenidos a dejarse envolver por la ilusión óptica, corporal-espacial. La artista no inventa reglas, sino que sigue las ya establecidas por la ciencia para transportarlas a ámbitos de sensorialidad desde el arte, posibilitando así la experiencia del hallazgo.

 

Los “bichos” / Pintura – escultura

Les llamo “bichos”, porque me parecen seres tipo insectos colgantes que cobran vida al ser tomados por Julia. No me remiten, sin embargo, a las piezas de Lygia Clark[8] sino más bien a las esculturas cinéticas y geométricas de Gego. En este caso, las estructuras creadas por Julia con metal muy ligero a manera de móviles, son el punto de partida tanto para experimentos con jabón que luego fotografía –como los Palimpsestos– para sus “esculturas efímeras”. Éstas últimas en realidad terminan siendo un dispositivo para observar los planos de luz y sombra según se acomodan “los palitos” en determinado espacio con determinadas condiciones de luminosidad. Esas posibilidades, pensadas por la artista también en relación a un plano cartográfico, son traducidas e interpretadas por ella en planos de color de pintura acrílica. Esas primeras pinturas dieron pie a S/T (Díptico, acrílico sobre papel), como una pintura que funcionan quizá como manera de materialización visual de algo entendido desde la observación imaginativa con ayuda de dispositivos ópticos.

 

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luminoso, -a (del lat. “luminosus”) 1 adj. Se aplica a lo que despide *luz.

2 Que tiene mucha luz natural: ‘Una habitación muy luminosa’. 3 Aplicado a “ideas, enseñanzas,

explicaciones” etc., muy *acertado o muy *claro: ‘Has tenido una idea luminosa’.[9]

 

Los proyectos artísticos con los que Julia Carrillo Escalera nos revela su pensamiento matemático nos invitan a ser partícipes de una realidad fantástica. En lugar de cegarnos en el proceso (como le pasa al esclavo que se escapa de la caverna de Platón y ve la luz, para luego regresar a la oscuridad y quedar imposibilitado de ver)[10], las impresiones, fotografías, instalaciones-dispositivos ópticos y pinturas que nos comparte nos develan “la artimaña”, pero también aquello que existe, de manera luminosa.

 

En sus piezas, las matemáticas como lenguaje y pensamiento son articulados desde la práctica artística para compartirnos o mostrarnos los fenómenos presentes en la naturaleza que le intrigan y le parecen relevantes en nuestra cotidianidad para “leer” el mundo. Nos recuerda modos de ver a partir de dejarnos seducir por los comportamientos de la luz: sus propuestas trascienden lo didáctico para llevarnos a una experiencia personal de descubrimiento, a la ver que mantiene el elemento de sorpresa. Comprender “las reglas del juego” o intuirlas a partir de su trabajo, alimenta el interés en lo que se experimenta al interactuar con cada pieza o serie. Pueden ser estudiadas para “entender” o admiradas para percibir una realidad antes no vista. Su trabajo nos recuerda que “arte y ciencia” no son disciplinas que se intersectan, sino maneras que convergen en su razón de ser para entender el mundo: el arte como vehículo de exploración del pensamiento matemático o la ciencia como el lenguaje para la expresión artística, resultan ser un mismo proceso en el caso de esta artista.

 

También nos recuerda que lo imaginario, la ilusión, es parte de nuestra realidad.

 

Tania Ragasol

Abril de 2022

 

 

Referencias bibliográficas y comentarios:

[1].   José Antonio Pérez-Rioja, Diccionario de símbolos y mitos: las ciencias y las artes en su expresión figurada (6ª ed.), Madrid, Tecnos, 2000 p.276

[2].   “ocupar”, como lo entiende y describe María Moliner: “…extenderse, habitar, henchir, *llenar, poblar”. María Moliner, Diccionario del uso del español (2ª ed),            Madrid, Gredos, 2002 p.486

[3].  Aquí rescato principalmente el momento de cambio y renovación del concepto de arte que las vanguardias artísticas del S.XX establecieron, sentando las                  bases del arte contemporáneo en tanto espíritu de rompimiento con el arte académico o tradicional. Un hito en la Historia del Arte universal desde la                        perspectiva occidental, que incluyó conscientemente al juego como parte de la práctica creativa en relación con otras disciplinas. Estamos terminando el                  primer  tercio del año 2022 y es evidente el relevo generacional filosófico y práctico, en todos los ámbitos.

[4].  En mi experiencia profesional los think tanks o laboratorios de pensamiento tuvieron una presencia destacada en el ámbito cultural durante las primeras                décadas del S.XXI, aunque la idea de “comité de sabios” pueda ser rastreada hasta las civilizaciones antiguas –pasando por el arte relacional y los colectivos.            En el caso de la artista que nos incumbe, como otros artistas, la multidisciplina es resultado de los intereses y conocimientos propios de una misma persona.          Y, más adelante, de sus colaboradores invitados. Su trabajo es un recordatorio de cosas que siguen sorprendiendo, de manera cíclica.

[5].  https://www.youtube.com/watch?v=S_1YJ6K9H3s&t=9s Julia Carrillo Escalera – Arte Abierto. Producción de Arte abierto y Atelier Romo durante la exposición            Luz instante, 2021, en Arte Abierto (Artz Pedregal, Ciudad de México, 2021)

[6].   Me interesa aquí la definición de “palimpsesto” en relación a la huella: 2. Manuscrito antiguo en que el se aprecian huellas de una escritura anterior que fue             *borrada para escribir la que aparece más perceptible. (Moliner, op. cit., p.545) En relación a la idea de ensayo, repetición y marca de luz sobre papel. Los “             "rayogramas” son por supuesto referencia a Man Ray quien en 1921 comenzara su serie de fotogramas. Del ingés photogram, un fotograma es una                           fotografía hecha sin cámara, al posar objetos en un papel o película cubierta con una sustancia fotosensible que al ser expuestos a la luz en un lugar oscuro,           se revelan con químicos para revelar el dibujo de luz logrado. (Robert Atkins, Art Spoke. A Guide to Modern Ideas, Movements, and Buzzwords, 1848-1944,               Abbeville Press, NY, 1993. p.163)

[7].   Julia Carrillo Escalera – Arte Abierto, op.cit., en Youtube.

[8].   Lygia Clark (1920-1988) es una de las artistas brasileñas más reconocidas y revisada hoy en día a nivel internacional, relacionada al movimiento de arte                     Neoconcreto y el Tropicalismo. Sus Bichos forman parte de una serie de esculturas “mutantes” hechas de láminas de aluminio movibles cuyo nombre, en                 efecto, hace referencia a pequeños animales o criaturas animadas.

[9].   María Moliner, Diccionario del uso del español (2ª ed), Madrid, Gredos, 2002 p.222

[10]. La “alegoría de la caverna” es uno de los diálogos más conocidos entre Platón y su maestro Sócrates (ambos, con Aristóteles, los tres filófofos                                       representantes de la Filosofía Griega). Ésta puede leerse en el famoso compedio de pensamiento filosófico atribuído a Platón, La República. Suele referirse a           ella para explicar de manera metafórica la posición del ser humano conforme a “lo real”, haciendo una división entre el mundo sensible (el de los sentidos, a           la sombra del interior de la caverna) y el mundo inteligible (de la razón, al salir de la caverna al mundo exterior, iluminado).